Monday, September 19, 2005

Que se espera del sacerdote

¿Qué se espera del sacerdote?

Extractos del libro “Fidelidad”

Se equivocan quienes sólo ven en el sacerdote a un hombre más. Aparte de las virtudes propias de todo hombre honrado: justicia, caridad, laboriosidad, buena educación, finura en el trato, todos querrán que el sacerdote, sin dejar de mostrarse en toda su humanidad —como Cristo cansado, sediento, hambriento, lloroso— manifieste también ese algo divino que se encierra en él. «Pretenden que se destaque claramente el carácter sacerdotal: esperan que el sacerdote rece, que no se niegue a administrar los sacramentos, que esté dispuesto a acoger a todos sin constituirse en jefe o militante de banderías humanas, sean del tipo que sean; que ponga amor y devoción en la celebración de la Santa Misa, que se siente en el confesonario, que consuele a los enfermos y a los afligidos; que adoctrine con la catequesis a los niños y a los adultos, que predique la Palabra de Dios y no cualquier tipo de ciencia humana que aunque conociere perfectamente no seria la ciencia que salva y lleva a la vida eterna; que tenga consejo y caridad con los necesitados. En una palabra: se pide al sacerdote que aprenda a no estorbar la presencia de Cristo en él, especialmente en aquellos momentos en los que realiza el Sacrificio del Cuerpo y de la Sangre y cuando, en nombre de Dios, en la Confesión sacramental auricular y secreta, perdona los pecados». Actuar así, de manera tan humana y tan divina a la vez, es la condición de fidelidad que se nos pide: condición que nos da también felicidad. Como te recordaba al principio de esta larga carta, con palabras del Papa: ¡Vale la pena! Vale la pena todo lo que se sufra por ser leal a una misión así. Vale la pena morir a nosotros mismos, a caprichos y hasta a intereses legítimos y a eventuales derechos personales, si con ello comunicamos la vida sobrenatural y llevamos a la Gloria a tantas almas.

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